Por su parte Balboa, al preguntarle sobre el tema coge un bolígrafo y nos muestra: “En verdad es muy simple… Hasta un estudiante de cuarto año de psicología lo entendería… Tú tomas un lápiz… haces una línea diagonal hacia arriba y luego una vertical hacia abajo… y la encierras en un círculo… Un Uno”. Comprendimos así que el amigo de la neurastenia no tramitaría sus quantums energéticos, lo que devendrá en el llanto de Rolando Valdés, quien, para leer el manuscrito G, aprendió alemán criollo.
Se suma, a este lamentable porvenir, la mala suerte de algunos a la hora de estudiar; ejemplos son Valeria Yánez, quien perdiera sus lentes de concreto transparente hechos en Paranal; Jocelyn Quiroz, quien luego de fotocopiar las obras Completas de Freud, Lacan y Klein aún no encuentra un anillado de titanio, y Felipe Henríquez, quien estudiaba camino a Casablanca y fue interrumpido cuando el bus atropellara a un Dic Dic Acuático, propio de la zona.
Con un pronóstico tan funesto y esclarecedor a la vez, le recomendamos dejar a un lado la abreacción y aplicarle a la cultura organizacional.
* Los exámenes de Pablo salieron negativo.

